El cura, la cigüeña y las buenas historias

Un texto que tenía por ahí y me apetece recuperar hoy que en Belver se acuerdan mucho de Alcolea.

CIGUEÑA-ATRAPADA

Las cigüeñas que anidaban en el tejado de la iglesia molestaban al cura. El párroco, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, mandó quitar todos los nidos e instalar un sistema de alambres electrificados en la cubierta. No quería aves molestas. Una cigüeña, tozuda, fue a posarse sobre uno de esos cables y murió. Quiso el azar que el pájaro quedara en una posición que recordaba demasiado a la crucifixión. Se armó en el pueblo. Los ecologistas dijeron que aquello no podía ser. El cura llamó a los feligreses a respaldar su decisión en una concentración bajo el lemaPor el sentido común, salvemos el tejado de la iglesia que han destrozado las cigüeñas”. Acabó el acto y el párroco invitó a los 200 presentes a entrar en el templo y besar los pies de la imagen del Santo Cristo. “Solo pido sentido común”, insistía el cura.

Esto ocurrió de verdad, y no fue en un remoto poblado de Colombia. Pasó en Alcolea de Cinca, provincia de Huesca, España. Para contar esta genial historia no llegaron reporteros con ansias de comerse el mundo. Fueron esforzados periodistas locales, alguno de ellos juntaletras en sus ratos libres, quienes narraron lo ocurrido. A nadie le hubiera extrañado que esta fuera una historia escrita por el maestro Alberto Salcedo Ramos. O una crónica remitida por un afamado periodista ‘freelance’, de esas que aparecen luego recopiladas en libros que se enarbolan en los congresos de periodismo como si fueran el Libro Rojo de Mao en una reunión del Comité del Partido.

Nos hemos acostumbrado demasiado a que el buen periodismo venga de fuera. Llega de cronistas latinoamericanos, que saben domar palabras salvajes y ponerlas a desfilar en perfecta formación. O de periodistas españoles que, aún con pluma menos salerosa, salieron fuera para buscar grandes historias que luego sirven en las raquíticas porciones que les asigna el chef de turno. Parece como si lo extraordinario y lo maravilloso, al fin, lo digno de ser contado, no pueda ocurrir por estos lares. Ahí está el cura de Alcolea para recordarnos lo que es de “sentido común”: para encontrar hay que saber mirar.

Ningún periódico de tirada nacional prestó atención a la historia del cura de Alcolea. Quizás no se enteraron. O, lo que es peor, lo sabían pero la agenda informativa no estaba para bollos. ¡Qué sería de un buen menú sin un dulce tan sabroso! En cualquier caso, seguro que, a estas alturas, la prensa ni siquiera tiene medios para desplazar a nadie a un pueblo perdido de la estepa monegrina. Dejémoslos en la ardua tarea de cavar su propia tumba. Pero… ¿Qué fue del periodista? Si los hay que imploran por mecenas que les paguen un viaje a Estados Unidos, y ahí se van por su cuenta y riesgo a contar lo que ocurre en un mitín republicano en Wichita… ¿Por qué ninguno de estos reporteros con ganas de comerse el mundo se acercó a Alcolea, donde tenía material de primera categoría?

El buen periodismo cuesta dinero. Escribir sobre lo que nadie quiere que escribas es bastante complicado si no sabes si mañana habrá garbanzos sobre la mesa. Pero para contar buenas historias, para dar salida a esa pulsión periodística, no hace falta mucho más que saber mirar y, sobre todo, querer mirar a nuestro alrededor. Eso lo sabe hasta el cura de Alcolea de Cinca.

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3 Responses to “El cura, la cigüeña y las buenas historias”


  1. 1 HombreRevenido marzo 4, 2014 en 7:29 pm

    Pues sí. Vaya historia que se quedó en el tintero. Hay que rescatarla como sea.


  1. 1 Disfarados (3 de 3) | Trapseia Trackback en junio 18, 2014 en 5:57 am
  2. 2 #Faritos2014 (3 de 3) Trackback en febrero 9, 2015 en 7:47 am

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