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XVI CPD: “La situación del periodismo es crítica, hoy más que ayer” #CongresoHuesca

¡Queda inaugurado este Congreso! El XVI Congreso de Periodismo Digital de Huesca ha arrancado este jueves 12 de marzo con la imagen creada por el dibujante Paco Roca como bandera. Una enseña que marca lo que debería ser el periodismo, digital o no: una manera de poner el dedo en el ojo de los poderosos. Aunque moleste, es obligado señalar ahí donde la sociedad se duele. Con un poco de retraso, debido a la efervescencia de tanto joven y veterano dispuesto a escuchar y debatir, a las 10:20 ha arrancado la inauguración, a cargo de José Luis Trasobares, presidente de la Asociación de la Prensa de Aragón (APA).

Para Trasobares, curtido y siempre crítico, “el periodismo digital es el periodismo, no hay que insistir en la redundancia”. Y ha seguido duro: “Nuestra profesión atraviesa una situación crítica, hoy más que ayer. En Huesca se está viviendo una concentración empresarial sin precedentes [en referencia velada a la toma de control por parte del Grupo Heraldo del Diario del AltoAragón y de Radio Huesca], que ha llevado a cinco despidos en la edición oscense de Heraldo de Huesca. Y nos tememos que no serán los primeros”. Dicho lo cual, ha remarcado lo evidente, que “sin empresas no habrá periodismo, sean tradicionales o de nuevo cuño”. Los negros nubarrones han dejado paso a una “puerta a la esperanza”. “Hay realidades que se consolidan, nuevos medios digitales que empiezan a ser rentables”, lo que para Trasobares va a servir de base para recuperar el servicio público que debe ser la prensa.

A continuación se ha entregado el Premio José Manuel Porquet, que han recogido Clara GIménez y Julio Gómez, del blog ‘Maldita Hemeroteca‘. Gómez ha tomado la palabra para señalar que la realidad es que es un proyecto que pueden mantener gracias a trabajar en otro medio, LaSexta. Ha sido breve, pero clarificador de dónde y cómo se hace el periodismo más puntero.

Posteriormente ha hablado para vender su moto (electoral) el Director General de Innovación del Gobierno de Aragón, sustituto de última hora de Roberto Bermúdez de Castro, consejero de Presidencia  del ejecutivo aragonés. Y a continuación, sin salir del inevitable ámbito institucional, le ha tocado el turno a Ana Alós, alcaldesa de Huesca. La popular ha demostrado que no se muerde la lengua: “El periodismo es más importante que nunca, Huesca no vive momentos fáciles en este sector. Son momentos complicados para los periodistas de aquí, pero los necesitamos”. Y aún ha dicho más: “Los periodistas tienen que tener trabajo con sueldos dignos, hoy, mañana y siempre”. Toma. Qué poco se escucha decir esto a directores de medios. Dicho lo cual, ha inaugurado este pantano, que diga, este congreso.

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Un regalo para el Gobierno de Aragón

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Hoy me siento generoso. Es lo que tiene haberse ido cinco días de vacaciones -récord absoluto en escapadas para alguien que paga el sello de autónomos-, que uno vuelve inspirado. Y generoso, insisto. Una vez, estuve tan iluminado y magnánimo que les regalé a unos amigos la idea de montar un café cantante de jotas en Zaragoza. Nadie lo ha puesto en marcha todavía, pero sigo pensando que es un negocio que podría funcionar en la ciudad del Ebro. Ahí lo dejo.

Tras pasar unos días en Oporto, mi regalo esta vez es para el Gobierno de Aragón. Para la gente que ahí hace como que gestiona la Cultura, aunque parece ser que solo dispone de los capitales, algo muy distinto. Allí, en la ciudad del Duero, han cogido un edificio grande, de siete plantas, en una de las principales arterias del centro, la Avenida de los Aliados, y lo han convertido en un espacio cultural. Se llama Edificio Axa (alguien tiene que apoquinar y lucirlo), y es algo tan sencillo como un Okuparte a lo bestia.

¿Os acordáis del Okuparte? Este proyecto oscense – © Luis Lles-  dio durante unos cuantos años una nueva vida al antiguo seminario de Huesca. El edificio fue donado a la Universidad de Zaragoza para que ampliar ahí sus instalaciones. Muchos años después, sigue vacío. Pero durante casi una década, una vez al año se llenaba de vida con Okuparte, que abría las salas del antiguo centro de formación de curas al arte más innovador y fresco tanto de la ciudad como de Aragón y otros puntos de España. Supongo que no es tan sencillo como parece, pero en lo básico, era abrir las puertas, asignar salas para distintos proyectos, dar un dinero a los artistas para montar sus instalaciones y, una vez listas, dejar que la gente las viera e interactuara durante unas semanas.

Más o menos eso han hecho con el Edificio Axa de Oporto. Siete plantas, dos dedicadas por completo a instalaciones de varios jóvenes artistas, otra para la asociación de fotografía portuguesa -que estos días expone a Cartier Bresson-, otras para talleres artísticos y proyectos colectivos –Projecto Troika, ahora mismo, lo que significa que una cosa es que pague Axa y otra que mande- .. En definitiva, un espacio abierto -entrada gratuita, además- y a la vez coherente, en el centro de la ciudad y que sirve para dar vida a una bella mole arquitectónica de lo que un día fue un centro de oficinas.

Aquí, en Zaragoza, se acaba de abrir el CaixaForum. Tiene sentido urbanístico -dotar de un icono a una parte de la ciudad-, pero clama al cielo que esta entidad financiera dejara pasar la oportunidad de actuar sobre algún inmueble céntrico abandonado. Por ejemplo, el famoso edificio cercano a Sagasta que ocupó el 15-M, propiedad del banco de Fainé, y que tras ser desalojado yace sin sentido como un barco en medio de los Monegros.

Hay otros dislates, como haber cerrado la Escuela de Artes de la Plaza de los Sitios para crear una cosa llamada Espacio Goya que ya nunca verá la luz (ni falta que hace). La Escuela de Artes, un edificio que me llama cual fluorescente a un mosquito, corre peligro de caerse a trozos, de morir de inanición por falta de seres humanos cruzando la boca de su puerta guardada por abejas. Supongo que cualquier lector ya habrá atado cabos, pero por si alguien del Gobierno de Aragón lee esto y necesita ayuda, la idea que le regalo -sí, atención: regalo, gratis, free- es copiar el modelo del Okuparte Huesca-Edificio Axa de Oporto y devolver a la Escuela de Artes lo que nunca se debió ir de ella: el arte y los artistas.

Presupuesto. Idea, 0 euros. Proyecto, lo que se quieran gastar. Remodelación y adecuación del edificio: menos de la mitad de lo que costó limpiarle el trastero a Pilar Citoler.

Salir

En una plantación de melocotoneros de un pueblo de Aragón, no hace mucho, dos trabajadores iban recolectando la fruta, uno a cada lado de la línea de árboles. Uno, originario de Guinea-Conakri; el otro, nacido sobre la misma tierra que estaba pisando. Para amenizar la tarea, se montaban sus propias tertulias que iban de punta a punta de bancal y de jornada.

– Pues en mi país no hay gays… -dijo el guineano en una de estas-.

– ¿Cómo no va a haber? ¡De eso hay en todos los lados, no vais a ser vosotros diferentes!

– No, no, no…  En Guinea no hay maricones, eso solo es cosa de España y países así.

– Tú di lo que quieras, pero en Guinea hay gays, otra cosa es que no se dejen ver o no los queráis ver.

La discusión duró un rato.

El guineano tenía, en parte, razón. En su país no hay homosexuales. Por lo menos, oficialmente, ya que el ayuntamiento carnal entre personas del mismo sexo es ilegal.

El paisano tenía, en parte, razón.  En todos los lados hay gays y lesbianas, pero… Si en aquel momento, con la sesera recalentada por el sol de mediodía, hubiera hecho un repaso mental de los homosexuales que habitan en su pueblo, el resultado del censo habría sido cero. Están los que se intuyen, se cuchichean, se aceptan tácitamente, pero… ¿Declarados? ¿Salidos del armario? Ninguno.

La homosexualidad es legal es España, el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo es una realidad – ¡Si lo será que ni el PP se ha atrevido a tocarla!-, incluso no hay serie de televisión ni ‘reality show’ sin su personaje gay. Pero, en muchas pequeñas localidades, esto se sigue viendo como algo que pasa en otros sitios. En Guinea, quizás.

Ese hombre de mediana edad al que jamás se le ha conocido una novia y que, cuando sus compañeros de tajo hablan entre risotadas del culo o las tetas de esta u aquella, sigue la corriente con fingido entusiasmo. Esa eterna soltera que va todos los días a misa y que mira los pósteres de la peluquería con turbación. Atrás dejan una vida vacía y mil que pudieron ser.

Para ellos ya no hay salvación.

¿Para quién la habrá?

Muchos todavía tienen margen para vivir con plenitud conforme a su identidad. Falta en muchas pequeños pueblos un valiente, una osada que rompa la ley del silencio. Sus pasos serán seguidos por otros, y por quienes vengan detrás. Roto el tabú, no habrá tabú. Pero hay que romperlo. Mientras tanto,  lo mismo les daría vivir en Guinea-Conakri que en su pueblo.

 

 

¿Quién paga?

¿Quién pagará la fiesta del periodismo de calidad? Vino a decir  Javier del Pino en uno de los actos de celebración del XV aniversario del Congreso de Periodismo Digital de Huesca que la cosa está jodida. Pero no por el lado que todos creemos. Bueno sí, por ese también. Los grandes grupos mediáticos han descubierto que, con menos trabajadores y presupuestos, igualmente se pueden rellenar páginas u horas de emisión. El cómo es harina de otro costal. Importa el cuánto. Resultado: redacciones en proceso de desintegración, que funcionan a salto de mata. Estos ojos han visto como se hacía el noticiero de una importante emisora de radio picando de aquí y de allá de diversos medios digitales. Se sazona con un poquito de información de agencias, y tan contentos.

¿Eso es periodismo? Es servir información. Tampoco hay margen para mucho más. Sinceramente, prefiero trabajar subiendo teletipos a una web o como responsable de prensa de una empresa que jugándome la vida en Siria por 50 euros la crónica. Hacer buen periodismo es caro, porque requiere tiempo, esfuerzo y sacrificio. Es ir a un lugar y trabajar sobre el terreno lo que haga falta hasta obtener todas las caras de una realidad. Es tener la preparación necesaria para leerse el BOE de arriba a abajo y descubrir las hijoputadas que nos cuelan por ahí. Es algo tan simple como leerse un libro antes de entrevistar al autor. Cosas que hoy pocos tienen tiempo y sueldos que lo permitan.

Todo esto ya lo sabemos. Las oscuras golondrinas de los grandes patrones dispuestos a financiar este periodismo no volverán. Pero, volviendo a lo que dijo Javier del Pino, el problema está también en el tejado de los ciudadanos. “¡Eh, vamos a hacer una revista con contenidos de calidad, con reportajes en profundidad que ha llevado meses escribir, rollo The New Yorker! ¡Venga, ciudadanos quejosos, dadnos algo de vuestro dinero para financiar este increíble proyecto!”. Al otro lado se escucha la Filarmónica de Grillos de Chalamera de Cinca. En España, pocos, poquísimos ciudadanos, demandan este tipo de producto periodístico. De estos interesados, solo una ínfima parte dispondrá de algún dinero en el bolsillo para suscribirse y sostener este modelo. A más a más, casi todos serán seguramente periodistas, apoyándose los unos a los otros. El periodismo morirá por desidia ciudadana.

Si esta entrada hubiera acabado en el anterior párrafo, los que son o solíamos ser periodistas nos quedaríamos con la conciencia bien tranquila. “¡Eh, no es culpa nuestra!¡Fueron los otros quienes mataron el periodismo!”. Quizás sea así. Son los otros los que lo  liquidan, pero muchos periodistas miran para otro lado o, sin saberlo, echan más paladas de tierra sobre el féretro. Esta es la sensación que queda cuando uno lee alguno de los nuevos medios que han surgido de la descomposición de los grandes -todos, igual que de los que proceden, “independientes” y “libres”- y descubre los mismos vicios y costumbres que proclaman venir a desterrar. No es tanto una cuestión de voluntad, sino de posibles. Al final, estos medios emergentes sufren el síndrome de la pescadilla que se muerde la cola: queremos hacerlo bien, no tenemos dinero, lo hacemos regular, perdemos el apoyo del poco público que teníamos, cerramos.

El periodismo es caro. Y aquí, por una cosa u otra, no paga nadie.

El cura, la cigüeña y las buenas historias

Un texto que tenía por ahí y me apetece recuperar hoy que en Belver se acuerdan mucho de Alcolea.

CIGUEÑA-ATRAPADA

Las cigüeñas que anidaban en el tejado de la iglesia molestaban al cura. El párroco, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, mandó quitar todos los nidos e instalar un sistema de alambres electrificados en la cubierta. No quería aves molestas. Una cigüeña, tozuda, fue a posarse sobre uno de esos cables y murió. Quiso el azar que el pájaro quedara en una posición que recordaba demasiado a la crucifixión. Se armó en el pueblo. Los ecologistas dijeron que aquello no podía ser. El cura llamó a los feligreses a respaldar su decisión en una concentración bajo el lemaPor el sentido común, salvemos el tejado de la iglesia que han destrozado las cigüeñas”. Acabó el acto y el párroco invitó a los 200 presentes a entrar en el templo y besar los pies de la imagen del Santo Cristo. “Solo pido sentido común”, insistía el cura.

Esto ocurrió de verdad, y no fue en un remoto poblado de Colombia. Pasó en Alcolea de Cinca, provincia de Huesca, España. Para contar esta genial historia no llegaron reporteros con ansias de comerse el mundo. Fueron esforzados periodistas locales, alguno de ellos juntaletras en sus ratos libres, quienes narraron lo ocurrido. A nadie le hubiera extrañado que esta fuera una historia escrita por el maestro Alberto Salcedo Ramos. O una crónica remitida por un afamado periodista ‘freelance’, de esas que aparecen luego recopiladas en libros que se enarbolan en los congresos de periodismo como si fueran el Libro Rojo de Mao en una reunión del Comité del Partido.

Nos hemos acostumbrado demasiado a que el buen periodismo venga de fuera. Llega de cronistas latinoamericanos, que saben domar palabras salvajes y ponerlas a desfilar en perfecta formación. O de periodistas españoles que, aún con pluma menos salerosa, salieron fuera para buscar grandes historias que luego sirven en las raquíticas porciones que les asigna el chef de turno. Parece como si lo extraordinario y lo maravilloso, al fin, lo digno de ser contado, no pueda ocurrir por estos lares. Ahí está el cura de Alcolea para recordarnos lo que es de “sentido común”: para encontrar hay que saber mirar.

Ningún periódico de tirada nacional prestó atención a la historia del cura de Alcolea. Quizás no se enteraron. O, lo que es peor, lo sabían pero la agenda informativa no estaba para bollos. ¡Qué sería de un buen menú sin un dulce tan sabroso! En cualquier caso, seguro que, a estas alturas, la prensa ni siquiera tiene medios para desplazar a nadie a un pueblo perdido de la estepa monegrina. Dejémoslos en la ardua tarea de cavar su propia tumba. Pero… ¿Qué fue del periodista? Si los hay que imploran por mecenas que les paguen un viaje a Estados Unidos, y ahí se van por su cuenta y riesgo a contar lo que ocurre en un mitín republicano en Wichita… ¿Por qué ninguno de estos reporteros con ganas de comerse el mundo se acercó a Alcolea, donde tenía material de primera categoría?

El buen periodismo cuesta dinero. Escribir sobre lo que nadie quiere que escribas es bastante complicado si no sabes si mañana habrá garbanzos sobre la mesa. Pero para contar buenas historias, para dar salida a esa pulsión periodística, no hace falta mucho más que saber mirar y, sobre todo, querer mirar a nuestro alrededor. Eso lo sabe hasta el cura de Alcolea de Cinca.

Emprender mucho y fuerte

Esto estaba muerto. Pero, como  en un páramo apocalíptico post-nuclear, la vida se abre de nuevo paso. Son los brotes verdes. No lo digo yo, lo dice un hombre respetable y otro de rostro circunspecto. Así que esto va rodado. Entre pitos y flautas, la crisis ha sido un cuento para asustar a las viejas. Vale que hay viejas que se han mudado al otro barrio por el camino, otras que se han quedado sin atención a la dependencia y otras que no tienen dinero ni para comprarse un par de zapatos. Fue su culpa: vivían con su pensión mínima por encima de sus posibilidades. ¡Venga pagar a los nietos 10 euros los domingos por encima de sus posibilidades! Y cuidado, que los nietos igual se lo gastaban después en droga, porque como los libros se los daban gratis en las escuelas…

Pero la naturaleza es sabia. Ya dijo Darwin, lo de la evolución y tal, que sobrevive el más fuerte. Quien dice el más fuerte dice el más hijo de puta. Eso Darwin, que era un señor, me parece que no puso por escrito. El caso es que igual que la caída de un meteorito se llevó por delante a los dinosaurios, la crisis se ha llevado por delante a los débiles y humildes. Si la teoría del darwinismo se pudiera aplicar a la sociedad tal cual, como algunos pretenden, si la cosa funcionara así, esta crisis debería haber extinguido a los pobres y haber dejado a ese 1% de la humanidad con la pupila en forma de símbolo del dólar como únicos habitantes de la Tierra.

La realidad es que para que haya 1% jodidamente rico hace falta un 99% jodidamente jodido, así que hay que apretar, pero lo justo. En lugar de extinguir a los pobres, la estrategia, siempre es la misma, pasa por dejar que mueran los que no son productivos y que los que viven estén con una mano delante y otra detrás. Apretar, apretar, apretar pero no ahogar. Los muertos todavía no sirven de mano de obra. De momento.

Los humildes son mil veces más dignos que los poderosos, pero de eso tampoco escriben mucho los de la Escuela de Chicago. Ni siquiera los de la Escuela del barrio de Salamanca, cuando les da por escribir o por que les escriban. También es cierto que hay humildes que, por lo que sea (se cayeron de la cuna al nacer, el cura les dio una colleja muy fuerte en la sacristía cuando les pilló robando del cepillo…), viven pensando que pueden prosperar. Que ellos pueden ser el 1%.

La gente se tiene que ganar los garbanzos de algún modo. Todos los días hay que tragarse un poquito los ideales y los sueños para que entre dinero en casa. Los hay que los engullen como el que come pan de la semana pasada; para otros es hidromiel. El sabor dulce que su cerebro cree apreciar no es sino mierda sobre sus papilas gustativas. No les quitemos esa ilusión. También hay afortunados, los menos, que hacen lo que les peta. Bravo por ellos, si no roban ni joden a nadie.

Luego están los emprendedores. No lo que toda la vida ha sido un señor o señora que ha  llevado una mercería, una panadería, una copistería, una agencia de comunicación o un estudio de diseño, aunque ahora se empeñen en llamarlos así. Emprendedores son los que  se han comprado el libro de Steve Jobs, lo han dejado encima de su mesa, han chupado muy fuerte el barniz de un lápiz HB y se han creído lo del “Venga, muchacho, tú puedes ser ese 1%”. El cielo nos proteja de ellos.

En el mundo de los ‘entrepreneur’ de pro, el desmantelamiento del Estado es un negocio muy rentable. Externalización de servicios equivale a ser liberal a costa del Estado. Es como ser católico, estar divorciado y querer que el cura de Alcolea te dé la comunión. Todo no puede ser. Pero en el liberalismo para lo mío, sí se puede. Si el negocio les sale y se convierten en ese 1%… ¡Que les importa todo un carajo! Pero, ay como salga mal… ¿Les tendrán que dar una subvención, no? En cualquier caso, que les vaya bien y que tengan salud muchos años, porque la Sanidad estará en manos de emprendedores.

Volviendo al principio, hay que darles la razón a los negacionistas de la crisis. Esto no es una crisis: ha sido un momento de excepcional afloramiento de hijos de puta.

Ilustres fiambres

Con sus luces y sus sombras -la Historia juzga y dicta sentencia-, los grandes hombres de Estado suelen tener, a veces contra su voluntad, otras veces promovidas por ellos mismos, tumbas imponentes. En algunos casos, auténticos monumentos. He aquí unos ejemplos.

Tumba de Abraham Lincoln en el cementerio de Oak Ridge en Springfield (Illinois)

Reposo eterno de Napoleón Bonaparte en Los Inválidos de París.

Tumba de Otto Von Bismarck en su mausoleo en Friedrichsruh

Que en España no tenemos héroes nacionales contemporáneos es bien sabido. No hay ningún personaje que concite unanimidad -más bien al contrario- pero aún así sí se podrían señalar algunas  figuras de Estado decimonónicas. Entre estos prohombres  estaría, sin lugar a dudas, el general Juan Prim, nacido en Reus.

¿Dónde descansan en estos momentos los restos mortales de Prim, promotor de la monarquía parlamentaria de corte europeo en España y asesinado en la calle del Turco de Madrid por mano incierta?

En una puta nevera de Reus.

Lo contó hace unos días Enric Juliana en La Vanguardia. Y aquí la rocambolesca historia de Prim en la nevera.


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